Palabras reflexivas sobre lo que es crear cine, arte, más allá de los gustos ajenos. Una obra artística implica la exposición genuina del universo propio de su creador. Lo que le bajó en su propia existencia, en su diálogo con la vida y el cine, una de las manifestaciones del lenguaje de su alma en imágenes, sonidos, colores, etc etc. Expresión artística de la vida compartida en compañía y en la soledad de la determinación de crear una obra propia. En un mundo que vive debatiéndose entre lo artístico, perfecto en su divinidad, su sueño, su expresión álmica. Y la técnica, un sistema de criterios teóricos de cómo debe hacerse el bizcochuelo, la película, la música, etc etc. Que es perfecto después de todo y además, si lo fuera, qué sentido tiene a los fines de transmitir un mundo espiritual que es el del arte, de lo invisible, del amor, el sufrimiento para tal vez llegar a otro invitándolo a viajar emocionalmente, sensorialmente, la experiencia de estar un tiempo incierto en nuestras vidas. Que debemos valorar desde el amor y la felicidad. Con este propósito seguramente la vida tenga un sentido, ante el vacío mismo de existir. Sin pedir permiso. Dándoselo.









































































































