El Plauto

El Plauto fue un ícono de los 70, dirigida por Roberto Villanueva en plena dictadura militar (1977), sorprende que haya podido pasar los controles y la censura de la época.
Basada exclusivamente en la palabra, las canciones y el juego escénico de los actores (entre otros, unos jovencísimos Noemí Morelli y Pablo Brichta) hablaba de la lucha amo-esclavo, en la que los esclavos hacen sus tramoyas para burlar a los amos.
Era realmente revolucionaria, no sólo en su contenido sino en su forma, desaforado juego dialéctico, delirante. Sus canciones incluían textos de Marx y Nietzche, que su autor Carlos Trías habia incluido impunemente y varios desnudos desenfadados, de avanzada en aquel momento.
Tenía resabios de Teatro popular, comedia latina, Comedia del Arte, circo criollo, vestigios pre colombinos, teatro No japonés, rituales de tribus primitivas, Carnaval. Y su ritmo alucinante y el humor desenfadado e irreverente durante 4 horas sin intervalo, producía en el público una especie de catarsis. Al terminar, al igual que en un concierto de rock, el público pedía más. Pero no había un bis para contentarlo. Muchos asistían varias veces y preguntaban en la platea: “¿Es tu primera vez?”.
La crítica de Ernesto Schoo dio cuenta de esto en su nota de cuatro
páginas de la revista 7 Días, con el título: “El Plauto, lo más parecido a la felicidad!”

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