Cartas Guardadas

De una vieja caja de lata —que cruje como si también tuviera memoria— brotan cartas, postales, recortes y papeles que no pidieron permiso para volver. Salen al azar, sí… pero con la puntería exacta de la nostalgia.
La escena arma un “foto relato” donde cada imagen parece decir: “yo estuve ahí”, y cada silencio agrega lo que las palabras no se animan. Se pincela la vida cotidiana con delicadeza, como quien no quiere romper nada… aunque lo que aparezca duela un poco.
Y entre recuerdos que sonríen y otros que carraspean, se cuelan esos momentos oscuros de la historia —porque la memoria, ya se sabe, no viene con filtro ni con anestesia—. Pero tampoco sin humor: ese guiño cómplice que permite mirar de frente, sin solemnidad de museo.
Una caja, muchas vidas, y el público espiando, con permiso, el álbum íntimo de lo que fuimos… y de lo que, aunque queramos, todavía somos.

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