De una vieja caja de lata que cruje como si también tuviera memoria brotan cartas, postales, recortes y papeles que no pidieron permiso para volver. Salen al azar, sí
pero con la puntería exacta de la nostalgia.
La escena arma un foto relato donde cada imagen parece decir: yo estuve ahí, y cada silencio agrega lo que las palabras no se animan. Se pincela la vida cotidiana con delicadeza, como quien no quiere romper nada
aunque lo que aparezca duela un poco.
Y entre recuerdos que sonríen y otros que carraspean, se cuelan esos momentos oscuros de la historia porque la memoria, ya se sabe, no viene con filtro ni con anestesia. Pero tampoco sin humor: ese guiño cómplice que permite mirar de frente, sin solemnidad de museo.
Una caja, muchas vidas, y el público espiando, con permiso, el álbum íntimo de lo que fuimos
y de lo que, aunque queramos, todavía somos.
- ALQUIMIA CENTRO CULTURAL (2026)