No hay que llorar

Mamá cumple años y su familia se junta a celebrar, pero ella se descompone. Entre elogios envenenados y reclamos con olor a naftalina, mientras hijos y nueras esperan al médico, afloran viejos resentimientos que desembocan en el descubrimiento de un secreto bien guardado. Así, la fiesta familiar se convierte en una noche feroz que pondrá al desnudo las miserias humanas más básicas.

Una comedia familiar donde todos sonríen para la foto y después se muerden.

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